Entradas Croacia Mundial 2026

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En los últimos Mundiales, pocas selecciones han rendido tanto como Croacia. Con un país pequeño detrás pero una competitividad gigantesca, la selección ajedrezada se ha ganado fama de equipo que aparece en los momentos decisivos. Orden, carácter y una eterna fe en el grupo definen a un combinado que suele ofrecer mucho más de lo que dictan las previsiones.

Desde su estreno mundialista en 1998, Croacia ha firmado un palmarés impresionante: bronce en Francia 1998, subcampeona en Rusia 2018 y de nuevo tercer puesto en Qatar 2022. En solo seis participaciones, ha subido tres veces al podio, algo al alcance de muy pocas selecciones. Cuando consigue superar la fase de grupos, suele transformar ese impulso en una carrera larga hacia las rondas finales.

Esa trayectoria se entiende al mirar los nombres que han vestido la camiseta ajedrezada: desde Davor Šuker o Robert Prosinečki hasta la generación liderada por Luka Modrić, acompañado por jugadores como Ivan Perišić, Mateo Kovačić o Joško Gvardiol. Entre veteranos con mil batallas y nuevos talentos que llegan con hambre, Croacia presenta un bloque sólido, trabajado y acostumbrado a sufrir sin perder su personalidad.

Con este historial reciente, muchos analistas consideran a Croacia una candidata muy seria a pasar de grupo y un posible invitado incómodo en las rondas finales. El sorteo la ha colocado en el Grupo L, donde compartirá cartel con una potencia europea, un rival africano muy físico y una selección de la CONCACAF en crecimiento. Estos son sus rivales:

  • Inglaterra, una de las grandes favoritas del torneo, con una generación de estrellas consolidada y aspiraciones claras de título.
  • Ghana, selección intensa y poderosa en lo físico, acostumbrada a competir al máximo ritmo y a poner en aprietos a equipos grandes.
  • Panamá, un combinado que llega con ilusión, orden táctico y ganas de aprovechar cada opción para sorprender.

El objetivo de Croacia será asegurar el pase a las eliminatorias y, a partir de ahí, volver a explotar ese espíritu competitivo que la ha llevado a tres podios en las últimas décadas, demostrando una vez más que subestimar a esta selección suele salir muy caro.